Recién casados, recién mudados.

Hace tiempo cuando nos casamos y después de todo lo que pasamos, jamás imaginé que llegaríamos a donde hoy estamos, tan fácil, tan rápido, con tanta ayuda, como si por fin alguien entendiera que necesitábamos estar juntos.

El día que decidimos casarnos fue uno de esos días en los que difícilmente esperas que pase algo diferente o especial; comenzamos a hablar del tiempo que llevábamos saliendo como pareja y de las muchas aventuras y desastres que habíamos pasado en estos años; los mejores de mi vida.

Poco a poco fuimos llegando al tema del compromiso, sin propuesta, sin flores ni declaraciones cursis o dramáticas, así, sólo una platica entre dos adultos que saben lo que quieren y a quien quieren.

No hacía falta más, y para mí fue de lo más profesional y especial. Nunca había deseado compartir mi vida tanto con alguien.

Buscar casa fue una de las prioridades durante los meses previos a la boda, necesitábamos una con ubicación céntrica hacia nuestros respectivos trabajos, que además cumpliera nuestras expectativas de vivienda.

Finalmente nos decidimos por una muy bonita ubicada en el centro de nuestra ciudad, Toluca, teníamos todas las comodidades a nuestro alrededor y el recorrido a nuestra rutina laboral era corto y fácil.

Entonces la boda llegó, tan hermosa como lo imaginé, rodeados sólo de amigos íntimos y familiares cercanos, estuvieron justo los que tenían que estar, recibimos muchísimos regalos y la idea de una vida juntos por fin empezaba a hacer ruido en nuestra cabeza.

Al finalizar todo y llevarse la emoción cargada detrás, nos percatamos que ambos, al vivir en puntos diferentes de la ciudad, tendríamos que contratar un servicio de mudanza distinto y que el costo sería el doble, el proceso sería el doble y al final nos tardaríamos aún más para comenzar por fin a vivir juntos.

Desesperados y con el tiempo encima comenzamos a buscar mudanzas Toluca, de todas las que encontramos, ninguna se acercaba a nuestro presupuesto, la boda nos había dejado con muy poco, además de que el ser un servicio doble dificultaba mucho las cosas.

Retrasamos por un tiempo la mudanza y cada quien continuo viviendo en su casa mientras lográbamos recaudar un poco más de dinero.

Lo recuerdo como las semanas más raras de mi vida: ya estaba casada, con el hombre que más amaba, teníamos nuestro futuro hogar esperándonos, pero no podíamos concretar nuestros planes. Todo por una mudanza. Bueno dos mudanzas.

En el trabajo no faltaban aquellos que preguntaban cómo estaba resultando todo y a la única amiga que no le pude mentir me recomendó un sitio que podría tener la solución a nuestro problema.

Por curiosidad y conformada a que no había nada que pudiera ayudarnos hasta tener el dinero que hacía falta, entré al sitio.

La atención fue amable y además de la mudanza comenzaron a cuestionarme por otras cosas que segura pensé no eran de interés para ellos, así supieron la inquietud por la que pasábamos mi esposo y yo.

Resulta difícil explicar lo rápido que entendieron todo.

Se preocuparon tanto porque nuestro futuro juntos comenzara pronto, que apresuraron las cosas y en menos de un día tenía más de 6 propuestas de mudanza a diferentes precios.

Me pareció increíble, sin embargo nuestro presupuesto seguía sin ser suficiente para los cotizados, entonces las personas del sitio nos dieron otras soluciones, no dejaban de abordar nuestra situación.

Nos contaron sobre la posibilidad de una mudanza compartida y sobre su funcionamiento, prácticamente cargarían primero mis cosas y luego pasaríamos por mi esposo para cargar las suyas; finalmente el dinero no representaba un problema y desesperados después de varias semanas buscando, contratamos el servicio.

Las personas que fueron por mí y posteriormente por mi esposo resultaron de lo más agradables, no dejaban de felicitarnos por nuestro nuevo matrimonio y todo pasó tan rápido y eficaz que pareciera que todas esas semanas no habían transcurrido, que apenas nos habíamos casado y mudado a nuestro nuevo hogar.

La nueva etapa en nuestras vidas comenzó, tal vez un poco después de lo planeado, pero tan profesional y especial como nuestra decisión de casarnos fueron las personas que contribuyeron a nuestra unión.

Soy una persona adulta y difícilmente creo en el destino y sobre todo en las personas, pero después de todo lo que pasé estoy convencida de una cosa: Aún existen aquellos que llegan a tu vida para facilitar las cosas y que fortuna que llegaron a la mía.

 

 

 

 

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